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Vela Zanetti

Soy de donde fui, de donde se me dejó ser feliz y pintar, por eso soy de Burgos, de Milagros, de León, de la República Dominicana, de Nueva York, de Florencia”, así se expresaba Vela Zanetti, uno de los pintores más grandes del siglo XX.

José Vela Zanetti nace en Milagros, Burgos, el 27 de mayo de 1913, en la misma casa donde había nacido su padre y en la que vivieron sus abuelos paternos, ricos labradores con numerosas propiedades en la comarca. También la familia materna disfrutaba de una buena posición, sus abuelos tenían una prospera parada de postas en Aranda. Los padres de José, Nicostrato Vela y María Zanetti, tuvieron siete hijos, pero solo él llegó a la ancianidad, del resto, solo Eva y Ángel, alcanzaron la edad adulta.

El insigne pintor pasa su infancia en León, desde muy joven se siente atraído por la literatura, novelas, ensayos y poesía, publicando reseñas en periódicos y revistas, además imparte clases de dibujo a niños en instituciones sin ánimo de lucro. Se puede decir que fue un pintor culto y de poderosa personalidad, que quiso ser pintor porque se sentía pintor y su “yo” está siempre presente en su obra, única e inconfundible.

En un viaje a Madrid, junto a su padre, conoce a Manuel Bartolomé Cossío, ilustre pedagogo, el mayor experto del momento en El Greco, impulsor de la Institución Libre de Enseñanza y presidente de la Fundación Sierra Pambley. En esta primera visita el pedagogo puso a prueba la capacidad analítica del joven mostrándole varios cuadros colocados en el suelo y pidiendo que le señalara el único que tenía calidad, prueba que Vela Zanetti superó.

Cossío le buscó un profesor particular que le enseñara el oficio, esta responsabilidad recayó en el profesor de dibujo José Ramón Zaragoza. En este tiempo en Madrid se hospeda en una pensión de la calle Fuencarral, donde entabla amistad con el pintor cubano Wifredo Lam.

En 1932 recibe una beca de pintura de la Universidad de León, que le supuso una ayuda más psicológica que económica y que fue para él un incentivo de superación.

En 1933 viaja a Italia y Cossío le da una carta de recomendación para Valle Inclán, por entonces director de la Academia Española en Roma. El autor de “Luces de Bohemia” le proporcionó las téseras con las que pudo entrar gratuitamente en los museos y hacer copias; estos pases le permitieron contemplar desde un andamio las pinturas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, en aquellos momentos en proceso de restauración. Más trascendente aun para su obra sería adentrarse en el mundo pictórico de Giotto y Massacio, en Asís y Florencia respectivamente.

Su padre, al que siempre estuvo muy unido, fue detenido y ejecutado en los primeros meses de la guerra civil y este hecho marcará para siempre su vida. En 1939, tras haber luchado durante tres años en defensa de la República, marcha al exilio y, tras unos meses en Francia, se embarca hacia la República Dominicana; en Francia se quedaron su mujer Sacha, con la que contrajo matrimonio en 1938, y su hermano Ángel, a la espera de noticias favorables sobre el país caribeño y que Vela Zanetti les enviase dinero para el pasaje. El mismo mes de su llegada inauguró una exposición en el Ateneo Dominicano, con el título de “Estampas españolas”, posiblemente con obras que había logrado sacar de España y otras que realizó durante la travesía en barco. El pintor siempre resaltó la gran generosidad del pueblo dominicano con los exiliados.

Respecto a su obra, el cuadro más antiguo que se le conoce representa una mujer y está fechado en 1924. Posteriormente, se siente atraído por la temática campesina y obrera, que siempre está al servicio de su ideología y en la que hay voluntad de denuncia. Tras la guerra civil española, sus cuadros de temática campesina pierden la intención política, aunque nunca dejaron de manifestar la inquietud del autor por la dignidad de los humildes.

El primer mural lo pintará en Puerto Rico, pero en la Republica Dominica hay 87 murales de temas religiosos, históricos y sociales, realizados por Vela Zanetti. En 1953 se inauguró en la sede de la ONU  una de sus obras más destacadas el mural “La ruta de la libertad o La lucha del hombre por la paz” (en inglés, Mankind’s Struggle for Lasting Peace), regalo de la República Dominicana a la ONU.

Tras su etapa americana, regresó a Florencia por un breve espacio de tiempo antes de instalarse definitivamente en su pueblo natal, Milagros, en 1960. En este periodo realizará, entre otros, los murales de temas históricos del edificio de la Diputación de BurgosEl Cid” y el Arco de Santa MaríaLa Fundación de Castilla

En 1985 fue nombrado miembro de la Real Academia de San Fernando de Madrid; dos años más tarde se constituyó en León el patronato de la Fundación Vela Zanetti. Su obra está representada en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), el Museo de la Real Academia de San Fernando (Madrid), el Museo Guggenheim de Nueva York (Estados Unidos), el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México, el Museo de Santo Domingo y el Museo de la Universidad de Santiago de Chile, entre otros. Entre los galardones y premios recibidos a lo largo de su trayectoria artística se cuentan la Medalla de Oro de la República Dominicana (1944), el premio de la Fundación Guggenheim (1952), la Medalla de Oro de la Asociación Española de Críticos de Arte (1964) y el Premio Castilla-León de las Artes (1987).

En 1987 fue nombrado hijo adoptivo de Aranda de Duero.

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“LA FUNDACION DE CASTILLA”. ARCO DE SANTA MARÍA

La disposición apaisada del formato permite situar múltiples motivos narrativos, que se pueden agrupar en torno a dos núcleos visuales preferentes. El primero está articulado alrededor de la familia, al nacimiento del hombre castellano, de espaldas y desnudo, producto de la siembra del padre y los cuidados de la madre. En el segundo, el Conde Fernán González se encuentra rodeado de quienes impulsaron el desarrollo y la conformación de Castilla. El niño rodeado por sus padres y Fernán González por su pueblo ilustran un paralelismo que expresa la relación entre familia y comunidad, entre individuo y sociedad.

En el centro dos personajes, uno de espaldas y otro de frente que ensamblan un arado romano. Un dato singular es la representación de las manos y cuerpos que caracterizan a todas las figuras. Las manos muestran la acción del trabajo y abundan en la idea de la construcción comunitaria de la sociedad. Los cuerpos expresan la tensión del esfuerzo físico al realizar una actividad manual. Sin embargo, la figura del Conde Fernán González aparece con sus manos a lo largo del cuerpo remarcando su presencia erguida y rectora, con la derecha extendida sobre el yunque y la izquierda ligeramente recogida, distendida, lo que marca una diferencia con el resto de las figuras

La complejidad de la composición se articula formando una unidad, a pesar del número elevado de personajes representados. Los colores utilizados- ocres, tierra, grises-, las texturas y los trazos decididos producen una sensación pétrea, metáfora de Castilla.

Los animamos a visitar el Arco de Santa María, lugar emblemático de nuestra ciudad de Burgos, donde podrán admirar este soberbio mural.

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