La capilla de Santa Ana en la Catedral de Burgos se construye en el siglo XV por encargo del obispo Luis de Acuña y Osorio.
La construcción se inicia en 1477 bajo la dirección del arquitecto Juan de Colonia, siendo concluida por su hijo Simón en 1488.
Además de la espléndida arquitectura destaca el magnífico retablo de Gil de Siloé en cuya calle central encontramos una excelente representación del Árbol de Jesé.
Del pecho del padre del rey David parte un árbol genealógico en el que están representados reyes de Judea que rodean a San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María.
La parte superior culmina con la Virgen y el Niño, a cuyos lados podemos ver las alegorías de la Sinagoga y la Iglesia.
En la calle lateral izquierda hay tres magníficos relieves: San Joaquín y Santa Ana llegando al templo, el Nacimiento de la Virgen María y el obispo Luis de Acuña vestido de pontifical en actitud orante.
También son tres los relieves de la calle lateral derecha: La aparición del ángel a San Joaquín, la Presentación de María en el templo y San Huberto, patrón de los cazadores.
En la predela encontramos representada la Resurrección de Cristo flanqueado por su Madre y las Tres Marías (María Magdalena, María Salomé y María de Cleofás)
Además aparecen en la parte inferior del retablo San Pedro y San Pablo, así como los cuatro evangelistas con sus símbolos. Es curioso que San Marcos lleva puestos unos binóculos, siendo éste un detalle que encontramos en algunas obras de Gil de Siloé.
Evangelio apócrifo de Santiago el Menor
En el retablo encontramos escenas relacionadas con la Concepción de la Virgen María narradas en el evangelio apócrifo de Santiago el Menor.
Este evangelio se escribe alrededor del 150 d.C y no fue escrito por el apóstol, sino que toma su nombre para ganar en credibilidad.
San Joaquín y Santa Ana no aparecen nunca mencionados en los evangelios canónicos, pero hay una gran devoción por ellos en la tradición cristiana y el arte los ha representado en numerosas ocasiones.
Una parte del evangelio narra la concepción milagrosa de María cuando sus padres ancianos no esperaban ya tener descendencia.
Después relata la infancia de la Virgen que es puesta bajo el cuidado del templo desde los tres años de edad.
La Inmaculada Concepción de María se proclama dogma en 1854 por el Papa Pio IX y mantiene que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el primer momento de su concepción por los méritos de su hijo Jesucristo.
Tumba del Obispo Luis de Acuña
La tumba del obispo Luis de Acuña es obra de Diego de Siloé, hijo de Gil. El sepulcro de alabastro está inspirado en modelos de Pollaiolo y Donatello.
El obispo está representado en actitud orante de cara al altar y apoya su cabeza sobre dos almohadones con rica decoración.
El rostro de don Luis de Acuña se asemeja al representado por Gil de Siloé en el retablo.
El sarcófago de forma cóncava está adornado con representaciones de «las siete virtudes» y el escudo del obispo.
Además en las cuatro esquinas podemos ver una garra de león con su follaje.
Otras obras destacables de la capilla
También adornan la capilla un cuadro renacentista de la Sagrada Familia con San Juan Bautista, obra del circulo de Andrea del Sarto, y otro barroco que representa el terrible martirio de San Bartolomé.
Asimismo tenemos que mencionar el sepulcro del arcediano Fernando Díaz de Fuentepelayo, obra de Gil de Siloé. Bajo un arco carpanel reposa el fiel sirviente del obispo con un libro en las manos y un pajecillo a los pies.
No podemos olvidarnos del retablo pétreo renacentista de Santa Ana realizado por Diego de Siloé. En él aparece representada Santa Ana triple flanqueada por San Bartolomé y San Vitores.
Además, la capilla cuenta con una espléndida reja obra de Luis de Paredes en la que destaca el escudo de don Luis de Acuña entre grifos tenantes.
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